THE GLASS, LA COCINA CHILENA QUE NUNCA DEJA DE SORPRENDER

Ya resulta prácticamente imposible ir a visitar al chef Claudio Úbeda -quien hace años maneja la cocina del hotel Cumbres Vitacura– y no salir embobada con sus platos. Y si bien, ya tiene varios caballitos de batalla dentro de su propuesta, el sabor y las texturas jamás se han perdido.

Productos frescos y pesca sustentable son parte de la consigna de esta carta de verano, que se acompaña de destacados vinos de la casa; Rui Sparkling (espumante patagón), Cordilleramar, Pedro Jiménez del 2016 de Viña Choapa, Chardonnay 2017, Talinay de la viña Tabalí, entre otras virtuosas etiquetas.

Un extravagante Arrollado de Malaya con pebre de algas y papas nativas ($7.900) fue el puntapié inicial en esta aventura culinaria que siempre resulta tan bien. Yo la he tenido al menos cinco veces. Las papas chilotas cremosas y terrosas acompañan muy bien a la malaya, que se siente fresca y sabrosa.

Los Ravioles rellenos con prieta y manzana, en salsa de humita en olla ($12.000) son todo lo que deseamos saborear del verano y aún más. Esa añoranza que viene en esta época por sentir la bondad del choclo en cualquiera de sus preparaciones, la encontramos en este plato, que se complementa de manera genial con la personalidad de la prieta que tiene un toque algo acaramelado. Aplausos de pie.

Y aquí llega un plato que me dejó con ganas de más. Debe ser porque soy una fan del sur de Chile. Lo cierto es que el Salmón a la grilla, milcao chilote, vegetales ahumados y salsa de curanto ($14.300) es un delicia. Calientito, con un buen juego de sabores y aromas, un milcao crocante, cremoso y un salmón a punto, llegando a ser sedoso. Atento con la salsa de mantequilla como base, que ayuda a levantar cada ingrediente.

Por el lado de las carnes, fue el cordero el que salió a brillar. Cuadril de cordero, crema de pataska nortina y zanahorias glaseadas (14.500) es un plato digno de pasearse por las prestigiosas cocinas del mundo en representación nuestra. Una carne suave, que viene de la parte baja de las «pompis» del animal (descripción lúdica), pero muy presente en boca, con un puré blando de pataska que le da muchísima textura, zanahorias glaseadas en miel que, además de ser una ternura, entregan un dulzor justo y necesario y una tierra de longanizas para un guiño de acidez.

¿Eres un viudo de la navidad? Entonces no puedes perderte esta deconstrucción tan bien lograda de una Tarta tibia de pan de pascua y helado de mazapán ($4.200) Para saborear cada trocito.

¿Dónde? Av. Pdte. Kennedy Lateral 4422, Vitacura.

ÁUREA RESTAURANTE: LA COCINA DE ORO DEL BARRIO LORETO

Abrieron hace poquito más de un año con gastronomía que apunta a la cocina chilena de autor, pero con ostentosos guiños de otras culturas -la española va fuerte- en donde el producto nacional es trabajado meticulosamente, con tiempos y técnicas de admirar. Ubicados en una hermosa y renovada casona en el barrio Loreto, donde antes estuvo Casa Alma, llenan el ambiente con una verdosa terraza y un ambiente interior que goza de decoración kitsch.

Los chefs Tomás Saldivia, quien se hizo cargo del pabellón chileno de Expo Milán el año 2015 como chef ejecutivo y que permaneció un año trabajando en la cocina del connotado Celler de Can Roca e Ismael Lastra, especialista en la técnica Cook and Chill -que alarga la vida y mantiene las propiedades de los alimentos-, son los socios fundadores de esta apuesta de montajes delicados y gran sabor.

Comenzamos con un Paté de Ave Casero ($8.900) una receta que le hace honor a los años y que viene en tres variedades; miel de palma y coco tostado, pesto – pistacho y pesto – albahaca. Textura y cremosidad en el paladar que abre perfectamente cualquier experiencia sensorial. Se acompaña de tostadas de la casa. Por otro lado, los Locos en Salsa Tártara y Tártaro de Papas llega como una alternativa fresca para capear los atardeceres llenos de calor. Definitivamente la palta, los locos y la mayo no fallan nunca. Unos moluscos de buena y apretadita consistencia.

La Ración de Choritos a la Marinera son increíblemente ¡wow! Demasiado ricos, que te empapan los dedos de una salsa de tomate cocinada cuidadosamente durante 14 horas, con la ansiedad de abrir las conchitas sin parar para saborear su interior. Tienes que descubrirlos dentro de una olla. No por nada, son uno de los platos estrellas de Áurea.

Y por aquí se deja sentir un guiño a la cocina internacional. Tenemos las Caraqueñas Santiaguinas ($8.900) que vienen rellenas de cerdo mechado atomatado y que son bien crocantes y sabrosas. Y para los vegetarianos, está el Pastel de Choclo con base de pino de berenjenas, queso ricotta y parmesano -mucho, mucho queso- y con unas tímidas legumbres que asoman en más de un bocado.

¿El lado dulce? Un sensual postre de Tres texturas de chocolate para disfrutar acompañado -o solito si es bastante golozo-.

Póngale ojo a la coctelería de autor, el barista Diego Marín lo encantará con creaciones como El Hombre Cosecha con tequila, chancaca, laurel, limón, naranja y Aperol, fresco y de linda presentación, o La Última Esperanza creado magníficamente con gin, calafate y syrup de violeta, muy acaramelado.

¿Dónde? Antonia López de Bello 191, Recoleta, Santiago.

 

LOS ETERNOS MILAGROS CULINARIOS DE SARITA COLONIA

Debo reconocerlo, Sarita Colonia es uno de mis restaurantes favoritos de Santiago. Y no solamente por la comida, que mejora cada vez que los visito, sino también por ese misticismo travestido que implica observar cada recoveco que compone su estructura.

La cocina, como ya les he contado, está a cargo del talentoso Juan Andrés García, chef peruano radicado en nuestro país, que no teme a experimentar sabores en cada uno de sus platos. Y una buenísima noticia antes de comenzar a hablar puramente de comida, ahora Sarita está abierto a la hora de almuerzo, de miércoles a domingo de 13:00 a 16:00, sumándose estas horas a su horario nocturno habitual desde las 20:00 hrs.

Ahora sí. Abriendo el paladar con una suave mantequilla de pino de empanadas sobre una focaccia de queso y semillas de amapola de fabricación propia, esperamos los entrantes. Y comenzamos con el pie derecho con un Ceviche al Esturión a las brasas con Plátano Asado y Chalaca de Ostiones ($14.900) que entrega un saborcito a parrilla y limón difícil de ignorar, de precisa temperatura y con un toque un tanto dulzón otorgado por el plátano. Con el Esturión, probamos las clásicas Papas Chilotas a la Huancaína ($10.900) tan coloridas, cocinadas con la técnica Huatia -bajo tierra, con piedras calientes y hierbas-  que sin duda le dan un profesionalismo a toda prueba.

Da la sensación que las entradas bastan y sobran en Sarita Colonia. Siento que son tan ricas y bien pensadas, que muchas veces puedes pensar que los fondos están demás. Como muestra, mira hacia arriba y contempla ese Tartar de Salmón Nikkei ($13.900) que lleva integrada una manzana que le otorga ese crunchi que tanto buscamos a veces. De una frescura deliciosa.

Cerramos esta primera fase con los Ostiones Mulatos ($13.900) un plato desvergonzado con texturas y sabor anisado.

La coctelería, a cargo de Cristian Rosel, tiene cuento propio, pero complementa muy bien cada creación en Sarita. Es atrevida, joven y sorprendente, con nombres tan originales como sus sabores; están el «Dímelo Bonito», la «Santurrona» o la «Sangría Chola». Aquí, Cristian no teme en arriesgar para conquistar a los comensales. Atrévase a probar.

Y para pasar a los fondos, iniciamos nuevamente con el Esturión, pero esta vez Asado con Curry Negro y Puré de Yuca ($14.900) cremoso y suave, con un coco que acompaña para sacar puras chispas.  También tenemos el Arroz Norteño con Mariscos al Pip Pil ($14.900) con una base marina conquistadora, que se levanta más todavía con la leche de tigre que es infalible.

Y por aquí, uno de mis favoritos, que justo me tocó comer un día 29. El Gnocchi de Filete con Chimichurri Oriental ($14.900) que de solo pensarlo se me hace agua la boca. Una pasta sedosa que se rompe en boca gracias a la carne que viene tan bien aliñadita y en un buen punto inglés. Como se debe cocinar el filete. Se suma a la oferta el Sahofan con Langostinos Salteados al Curry ($14.900) que tiene un picor gustoso por la salsa de curry, trae además unos fideos de masa de arroz y unos manís escondidos por ahí para la crocancia final.

Y por último, pero no menos delicioso, en absoluto, porque es de esos platos de eterno cuchareo. Arroz Chaufa Negro con costillar Char y Tortillón de Camarones ($14.900) ¡Ay, pero que cosa más rica! Toda una sorpresa se destapa bajo el tortillón, el arroz repleto de sazón, cálido, algo azucarado.

Y si de postres hablamos, no crean que Sarita Colonia aquí se descuida, no señor. Una Crema Volteada con Miel de Rica Rica ($5.900), un detalle para endulzar muy bien pensado y una consistencia que roza la perfección. Además, la clásica y esponjosa Torta de Chocolate ($5.900) y el maravilloso Suspiro a la Limeña ($5.900). Cierre siempre con un postre, sobretodo si va a Sarita. No diga que no se lo advertí. 

En Sarita Colonia se nota una consolidación en todo el equipo que ha sacado adelante por años este irreverente proyecto gastronómico de Gino Falcone y José Salkeld , mejorando su carta en cada ocasión. Agradezco mucho poder visitarlos y me encomiendo para que siempre hayan nuevas oportunidades de hacerlo.

¿Dónde? Loreto 40, Recoleta.

CHICHA EN AJÍ LLEGA A MANUEL MONTT SIN VANIDAD PERO CON MUCHA SABROSURA

Compartir. Si pudiera definir en una palabra la experiencia que se vive en Chicha en Ají, esta picantería que llegó a instalarse a Manuel Montt, sería esa. Y es que aquí los platos son generosos y llenos de sabor, tal como se desprenden de las antiguas picanterías peruanas que nacen el año 1830 y que se destacaban por ofrecer platos característicos del día y del lugar.

En Chicha en Ají se mantiene la tradición y conquistan el paladar de muchos comensales con una carta variada en pescados, mariscos, carnes y preparaciones clásicas del país hermano a precios muy, pero muy convenientes. Entre las entradas, que las hay frías y calientes, destacan el Rocoto Relleno ($6.000) con filete picado en su interior, queso gratinado y papas doradas y que no asusta su picor en boca. Por otro lado, el Tiradito de Pejerrey ($6.000) está lleno de frescura y sabores intensos. Jugosito.

El maravilloso Ceviche Caliente, o Ceviche de Congrio a la Parrilla ($8.500) es todo lo que podrías desear de la cocina peruana. Es abundante, sabroso y lleno de color.  Viene en crema de ají amarillo acompañado de choclo y yuca. Para cucharearlo una y mil veces. El Arroz con Pato ($8.900), que por cierto viene al cilantro, muestra una carne tierna pero con personalidad, aliñado de manera perfecta y con pequeños vegetales que lo ayudan a ser aún más rico. Atrévase.

Y si quiere darse un festín, cosa que ocurre en casi todo los platos de Chicha en Ají, váyase por la Ronda Criolla ($13.900) donde se encontrará con puras cosas buenas; olluquito criollo con carne, un cau cau tradicional, patita con maní y anticucho picantero, más enjundia ¿dónde? Sabores clásicos limeños que se mezclan bien y propuestas que juegan con las texturas.

Si quiere carne, pruebe el Seco a la Norteña de Asado de Tira ($8.000) que viene en una bandeja que pareciera ser para varias personas, pero no, es para uno. O más bien, recuerde la palabra clave de Chicha en Ají: compartir. Viene con yuca en una espacie de guisado que se siente suave al paladar.

Si queda con hambre, pregunte por los fresquitos Ostiones a la Chalaca ($7.500) perfectos para la época. Y siempre termine con algo dulce, como un buen y clásico Picarón.

Creo que la propuesta de Chicha en Ají puede ser similar a varias que han venido aterrizando hace un tiempo en nuestro país, pero sobresale una gran característica además de todo el sabor; es que ellos acercan su cocina de manera humilde y sin ostentar demasiado.

¿Dónde? Manuel Montt 1335, Providencia.

 

 

 

LA COCINA CHILENA ATREVIDA DE PUNTO OCHO

Con su clásica y sabrosa cocina chilena llegó a Punto Ocho el chef Claudio Úbeda a reconquistar el paladar de los comensales que ya habían sobrevivido a un par de cambios de chef y propuestas culinarias del restaurante del octavo piso del hotel Cumbres Lastarria.

Junto a un fresco espumante comenzamos a degustar parte de la carta de esta temporada con un fiel representante de la Cuarta Región; unas Empanadas de Ostiones ($7.900) acompañadas de chancho en piedra. De masa muy delgadita y relleno generoso con puro sabor a puerto, a lo mejor de nuestro océano. Además, una de las estrellas de la velada a mi parecer, un Chupe de Jaiba ($11.500) servido en crema de langosta junto a un coqueto salmón curado en té y cedrón. Una esfera crocante con un relleno cremoso, con un salmón rompiendo toda estructura de sabor en cada bocado. Una delicia.

Los pescados son un infalible en la cocina de Claudio Úbeda. En Punto Ocho se luce con un Congrio Dorado ($13.800) cubierto de tapenade de aceitunas acompañado de puré rústico de papas, vegetales confitados y mantequilla de hinojo. Un platillo que viene a una perfecta temperatura y en cuyos bocados se siente, además de la textura suave del pescado, trocitos de papa y tocino otorgados por el puré.

En antítesis al congrio, llegó un plato de Malaya de Cerdo ($14.000) cocinada en baja temperatura, estofado de repollo con murtilla, papas asadas y salsa de merlot. Una verdadera obra de arte al plato (mire la foto de aquí abajito) provocando diferentes sensaciones en boca con crocancia y elegancia gracias al repollo con murtilla y una malaya digna de masticarla de solo mirarla.

Los postres son el final perfecto en cualquier almuerzo / comida y aquí no se quedan atrás. Pero ocurre que son tan bonitos que ni ganas dan de romperlos a cucharadas. Tarea imposible después de probarlos. Así, es como tenemos Texturas de Vino, Crema y Frutos Rojos ($4.200) un rico y crocante turrón de vino tinto, gel de frambuesa al carmenere, salsa de mora, merengue y marshmallow. Fresco, bien aireado. También probamos el maravilloso Lingote de Turrón de Maní ($4.100) consistente en un mousse de mantequilla al maní, almendras tostadas y crema dulce con muchísimo sabor a mantequilla de maní. Un postre cálido que casi roza la perfección pastelera.

En Punto Ocho, así como en todos los restaurantes de la cadena de Hoteles Cumbres, se encuentran buenas etiquetas como el Chardonnay de Lapostolle del 2016 y la mezcla tinta de Rhu de Alcohuaz del 2013. Una joya.

Tanto que se agradece la cocina chilena reinventada, atrevida y auténtica, aquella que, sin ostentar demasiado, podría ser la más rica del mundo.

¿Dónde? José Victorino Lastarria 299, Santiago,

AMALUR: UN SECRETO VASCO MUY BIEN GUARDADO

Llegué a Amalur. Un restaurante de inspiración vasca que está bien escondido en la Avenida Vicuña Mackenna, dentro del antiguo Centro Vasco que data de 1948. Amalur significa «madre tierra» en su lengua vascónica y hace dos años y medio fue tomado por Rosita Mendiburu Azcarraga para refrescarlo como un restaurante de deliciosos platos.

Cocina vasca y de fusión con la región, comenzamos la velada con una serie de representativos Pintxos o entrantes: Croquetas de Jamón Serrano y Chorizo ($5.800 x6). Las primeras suaves y crocantes en boca y las segundas con un rico juego de texturas y un sabor sutil. Por otro lado, la clásica Tortilla Española ($5.700) hecha con la receta original, o sea, chorizo incluido. Húmeda con una buena costra exterior y un golpe de sabor entregado por el embutido ibérico que no llega a invadir demasiado la tortilla.

Atentos también con las Empanaditas de Morcilla ($4.200 x4) que vienen con menta que refresca muchísimo cada delicioso bocado. Muy sabrosas.

Por el lado de los fondos, pude probar el Salmón Amalur ($10.500) relleno con champiñones, tocino crujiente y queso de cabra, cubierto por una sedosa crema de limón que le aporta una acidez exquisita que baja un poco el sabor característico del salmón. Un relleno versátil que provoca que el queso de cabra diga presente al final de cada mordisco. También está el Lomo en Pipedarra ($10.500) una carne jugosa y en su punto, muy rojita al centro, bien preparada, montada sobre una salsa piperrada típica vasca hecha con pimentón rojo y verde, cebolla y ajo. Ambos platos principales incluyen, por el mismo precio, el acompañamiento. Recomiendo, desde lo más refinado de mi paladar, las Habas salteadas con Jamón Serrano ($2.500 y $3.800 como entrada) juegan muy bien con ambas guarniciones.

El dulce en esta oportunidad, lo pueden encontrar a través de la Leche Frita ($3.500) con sabor indiscutible a churro, indudablemente por su preparación, acompañada de una fresca salsa de naranja. Empareje este postre con Patxarán, un licor de un bello color rojo típico de la zona del País Vasco, La Rioja y Aragón. Tómelo frío y conocerá todo su potencial.

¿Dónde? Vicuña Mackenna 547, Santiago.

EL RICO Y SENCILLO ESTILO TEX-MEX DE CHILI´S GRILL & BAR

Ruidoso, colorido, lleno de luces y gente. Aromas y sabores de la comida tex-mex bien representados en Chili´s Grill & Bar, que abrió hace algún tiempo las puertas de su quinto local en el Mall Arauco Maipú. Pero esta vez, fuimos por la carta de su casa ubicada en el Boulevard del Parque Arauco. Los chicos aquí atienden de primera.

¿Para abrir el paladar? Las siempre tan bien recibidas «alitas» o como lo dice su carta Wings ($7.490) en la versión original, bañadas con salsa barbecue. Para comer con la mano y chuparse los deditos, como es la tradición, con harta salsa encima en una porción de diez piezas. Las sirven con bastones de apio y aderezo para darles un golpe de frescura. Bien pensado.

Las hamburguesas de Chili´s me sorprendieron por su bien logrado sabor. A parrilla, indudablemente. Por ejemplo, la Guacamole Burger ($8.400) con queso mozzarella, pimiento verde y rojo, cebolla salteada, un toque de crema ácida y mucha, mucha palta. Enjundiosa y llena de color entre dos panes frescos y húmedos, acompañada muy acordemente por unas papas fritas crujientes.

Su hermana, la Southern Smokehouse Burger ($9.900) y de las favoritas en Chili´s, es otra delicia bien ejecutada por los cocineros. Con dos enormes aros de cebolla que se destacan entre los ingredientes, lleva además queso cheddar, doble tocino (ya hasta ahí vamos perfecto), pepinillos, lechuga, tomate y mayonesa. En cada mordisco quizás no se siente que este hamburguesa tuviera tantos ingredientes, porque se mezclan muy bien entre sí entregando puro sabor americano. Y también viene con papitas.

Por otro lado, puedo contarles de las fajitas, muy populares por estos lados. Las Mix & Match Fajitas (desde $9.900 a 13.100) las puedes armar a tu pinta. En mi caso, elegí las tres proteínas -pollo, carne y camarones- para acompañarlas de vegetales en una paila de fierro que viene borboteando lista para ser preparada en tres tortillas de maíz o harina. Lo bueno, es que si te terminas estas tortillas, te traen más y sin costo alguno.

Armar fajitas no tiene gran ciencia, pero por Dios que quedan deliciosas. Se acompañan de toppings como mezcla de quesos, guacamole, crema ácida, pico de gallo y salsa de la casa. Y, además, puedes ponerle -por un pequeño costo extra- queso, champiñón o tocino sobre la paila caliente ¡Ñami!

¿Cerramos con algo dulce? Claro que sí. Como buena comida norteamericana, las porciones si no son grandes no se merecen el respeto que buscan. Por eso, no solo las hamburguesas, fajitas y costillas vienen en platos voluminosos, sino también los postres. Aquí dos de ellos. Molten Chocolate Cake ($6.100) podría no sonarles mucho, pero es el clásico volcán de chocolate. Un biscocho tierno que se acompaña de helado de vainilla y una capa de crujiente chocolate encima. Y para los monstruos come galletas, está el Skillet Chocolate Chip Cookie ($5.400) que se monta sobre una gran galleta de chocolate chips horneada, helado de vainilla y chocolate. Se disfruta cada pecado, digo, bocado.

No sean prejuiciosos y denle oportunidad a restaurantes como Chili´s Grill & Bar, que con comida simple y sabrosa puede encantar hasta al más crítico de los paladares. Además, se crea un ambiente muy distendido ¿qué mejor para pasarlo bien?

¿Dónde? http://www.chilis.cl/ubicaciones/

 

 

 

EN MEZE SE COME Y SE VIVE TURQUÍA

Que rico es ir a un restaurante tan inspirado en mostrarte y enseñarte todo acerca de su gastronomía y su cultura. Eso pasa mucho en Meze, un restaurante 100% turco que lleva cinco años instalado en Manuel Montt gracias a su chef y dueño, el amable y carismático Onur Erdemir, oriundo de Estambul.

Aquí, la comida es turca de verdad. Y desde que conoces sus tres salones, plasmando en sus paredes mapas, palabras típicas, fotos de ancestros y personajes reconocidos, además de lámparas y telas típicas de la zona, entre otros elementos, ya puedes hacerte una idea bastante certera de lo que será su comida. Sorprendente a mi parecer.

Para abrir el apetito, un trago típico de la zona, el licor de Raki, destilado de uva y anís, dulzón y muy aromático. Toda una experiencia al mezclarlo con agua. Lo acompañamos de una sencilla pero sabrosísima Mercimek Corbasi ($3.250) una crema de lentejas rojas solamente con ají de color y mantequilla. Al final, te queda ese gustito rasposo de la piel de la legumbre. Deliciosa.

Y prepárese, porque en las siguientes líneas les hablaré de un banquete sin fin que tuve el placer de probar. A modo de aperitivo frío se presenta el Antep Ezme ($5.750) un plato típico del sur de turquía con cebolla, tomate, ajo, salsa de granada, junto a pan turco -ekmek-, de acidez rica. También tenemos el Saksuka ($5.250) que fue sin dudas uno de mis entrantes favoritos. Consiste en berenjenas y zapallo italiano frito con yogur y ajo, acompañado de salsa de tomate natural. Un plato muy bien logrado para mi bendecido paladar, cremoso.

El Karisik Humus ($6.750) es un infaltable en la cultura de medio oriente, a pesar de ser nuevo en la carta de Meze. Es una colorida trilogía de humus de garbanzos, arvejas y betarragas, creando una pasta rica y consistente, perfecta para acompañar con ekmek. Algo entretenido de comer es el Kisir ($5.250) una especie de crudo que se come con hojas de lechuga y se adereza de menta, perejil y limón. Blandito, sencillo y se siente muy bien en boca. Por último Zeytinyagli Yaprak Sarma ($6.250) son las hojas de parra rellenas de arroz, menta, pasas, aceite de oliva y canela. Bien envueltas, apretadas y que hacen feliz a cualquier comensal.

En cuanto a los aperitivos calientes -porque sí, aún hay más- comienzo por contarles del Mücver ($5.250) un frito de zapallo italiano, con queso de cabra y eneldo acompañado de salsa de ajo. Juguetón en boca, crocante y esponjoso a la vez, húmedo, una delicia. Otra especialidad caliente en cuanto a aperitivos es el Yaprek Ciger ($6.500) panitas de vacuno salteadas en mantequilla, cebolla eneldo y perejil. Atrévase con ellas, porque yo no lo hice tanto.

Para hablar de los fondos, trataré de ocupar el mayor poder de síntesis posible, ya que podría hablar de ellos por horas y aún así no saber cuál fue mi preferido. Todos enjundiosos, generosos y atractivos. Punto aparte es la vajilla que se ocupa para algunas preparaciones en Meze, te hace viajar.

El Manti Vegetariano ($9.250) es una pasta turca artesanal rellena de espinaca -la otra versión se rellena de carne molida- con salsa de tomate casera, salsa de yogurt y un toque de mantequilla. Queda tan, pero tan rica la combinación, que es imposible no disfrutar cada cucharada. La pasta es de masa casi transparente y la salsa de tomate la ayuda mucho a levantar el sabor. Les cuento también del Hunkar Begendili ($10.500) y debo confesar que por aquí va mi preferencia. Una carne de vacuno cocinada en salsa de tomate con un especial puré de berenjenas ahumadas y queso. Match perfecto que contrasta muy bien en el paladar. Quiero volver por este plato.

Termino este trío de platos calientes con el Sefin Tabagi ($12.500), que advierte la carta cuenta con a lo menos 20 minutos de preparación. Y atención a los amantes del cordero, porque aquí se presenta en todo su esplendor. Arroz con mantequilla, eneldo, perejil sobre esta carne con personalidad, tomate asado y cebolla grillada sobre una paila de greda cubierto por una masa, como un pie, que se abre majestuosamente y deja salir toda su magia -en mi cuenta de Instagram queda todo esto graficado, vaya a seguirme-. No deje de preguntar por el Testi Kebap ($14.500) también una preparación de cordero en vasija de greda típica de la zona centro oeste de Turquía y que es un verdadero espectáculo a la mesa.

Y así como los turcos tienen el corazón dulce, también tienen preparaciones, ideales antes del clásico café de estas tierras. Y un guiño coqueto a este último es el Turk Kahveli Creme Brulee ($4.500) en palabras simples un creme brulee de café turco que es una maravilla, suave e intenso. Y para cerrar, uno de los estrenos es el Sicak Helva ($3.900) una preparación caliente que tiene tahina, limón, y granada. Una combinación extraña, quizás algo a lo que no estamos muy acostumbrados, pero que no deja de satisfacer.

La cocina turca no usa gran variedad de aliños, contrario a lo que se podría creer, y más bien se basa en el sabor natural de sus productos y tiene muchas influencias del continente, como la comida griega. Aquí solo me resta decir ¡Tessekur Meze!

¿Dónde? Manuel Montt 270, Providencia.

 

 

 

PANCHITA Y SU COMIDA CRIOLLA SE ATREVEN EN TERRITORIO NACIONAL

Dicen que es el restaurante favorito de Gastón Acurio, su creador. Panchita aterrizó en nuestro país hace algún tiempo con la mejor selección de su carta de comida criolla peruana, emulando además en sus paredes, al mismísimo restaurante de Perú.

Harta abundancia se ve en Panchita, con sazón de mar y tierra, creaciones de la jefa de cocina de su símil peruano, Martha Palacios, quien estuvo viajando constantemente a nuestra capital para asegurar una carta que logre la misma experiencia para los comensales chilenos.

¿Para comenzar? Una generosa Sangrona ($7.800) preparada con vino tinto, Zumo de naranja, piña, chicha morada y zumo de limón. Puro frescor en cada sorbo y un bello color de brebaje que conquista a la primera.

La comida de Panchita está pensada para compartir. Son platos grandes y coloridos los que llegan a la mesa de los comensales que, en este corto tiempo, han repletado el local, haciendo ver que cada propuesta que Acurio trae a nuestro país, es un completo éxito.

Dentro de los piqueos es imposible dejar pasar los anticuchos. Sencillamente maravillosos. El de Corazón de Res ($9.800) es amable en boca, de sabor intenso, pero que no llega a molestar. El otro, de Pulpo ($11.800) está lleno de texturas y buena cocción. Cuesta que la gastronomía peruana falle en esto. Y ojo, que son bastante grandes ambos.

Por su parte el Rocoto Relleno ($14.800) seduce desde la entrada por su presentación tan monona. Por dentro se compone de carne y pastel de papa y si se mezcla todo al llevarlo a la boca, es realmente una delicia. Tenga cuidado con el picor.

Es importante -al menos para mi- mencionar la importancia que se le da a la presentación de la mesa y a la vajilla que se ocupa en Panchita, que logra hacernos viajar al país hermano y que no solo podamos sentir sus sabores, sino también su cultura. Dicho esto, me voy con los fondos.

Cito: «preparados con picardía y generosidad, servidos en porciones de las que pueden comer dos». Aquí comienzo con el Bitesck a la Sartén Montado ($16.800) cocinado en su jugo, con huevo, arroz, plátano y papas hilo. Podría parecer mucha cosa para una sola preparación, pero la verdad es que funciona muy bien. El huevo emulsiona, las papas entregan crocancia, la carne provechosa y el arroz, bueno es el arroz.

La Milanesa de Lomo Limeña ($15.800) acompañada de tallarines a la huancaína fue, sin duda, uno de mis favoritos de lo probado en Panchita. Es increíble como un plato tan simple puede ser tan rico. ¿Su secreto? Claramente el cariño, la preparación y los ingredientes de buena calidad. Un plato cálido en color y sabor que se disfruta con suavidad en la pasta y un sutil crunchi en el lomo.

No deje de preguntar por el Seco de Costilla entera de Asado de Tira Limeño ($18.800) con pallares y arroz con choclo, un clásico de la gastronomía peruana. Un cordero con más de cuatro horas de cocción que lo transforman en un bocado sedoso muy bien acompañado por la cremosidad de los pallares, el arroz y las verduras bien cocinadas.

Por el lado de los dulces, es difícil decepcionarse. El Queso Helado ($7.800) un tradicional postre arequipeño y la Torta de Chocolate ($7.800) mojadita en abundante manjar, son fieles representantes de cómo es la mejor forma de cerrar un festín de estos. Gracias Panchita por llegar a Santiago.

¿Dónde? Nueva Costanera 3979, Vitacura.

 

 

OMERTÁ: EL SECRETO PIZZERO MEJOR GUARDADO DEL BARRIO BELLAVISTA

Omertá es una pizzería que abrió sus puertas en la calle Constitución -Barrio Bellavista- en noviembre del 2017 de la manos de seis amigos, uno de ellos pizzaiolo, Julio Cuevas. Su oferta principal son pizzas horneadas de masa suave y aireada, perfectas para cualquier hora del día. Además, también tienen antipastos, tablas, ensaladas, calzone, sanguchitos hechos de masa de pizza -Panuozzi- y manjares dulces. Como toda buena propuesta italiana.

La palabra Omertá se define como un código de honor siciliano, la ley del silencio. Un secreto que no se puede revelar. Y si bien fue una sorpresa para mi descubrir esta pizzería, no podría quedarme callada y dejar de contarles los sabores que en ella pueden encontrar. ¿Para comenzar? Un Navegadito que viene perfecto para estos días fríos. Y tan bonito que lo llevan presentado a la mesa. Pregunte por él.

Antes de mangiare, les cuento que Omertá ofrece una carta de pizzas clásicas italianas en donde podemos encontrar la Margherita, que es sin dudas una de mis favoritas ($6.900 / $9.900) o la Quattro Formaggi ($8.900 / $10.900), entre otras.

Pero lo interesante es descubrir los que nos propone en cuanto a sus pizzas especiales o Pizza Specialli. La Lujuriosa de la Tierra ($12.900 / $14.900) bianca, con burrata, jamón crudo, papa en rodaja frita, queso grana padano y aceite de trufa. Este último, uno de los ingredientes que me hizo elegirla. Aromática desde que sale de la puerta del horno. Sabrosa, imperdible. Su hermana, la Lujuriosa del Mar ($12.900 / $14.900), es una fiesta de color y texturas con lo mejor de las costas chilenas; bianca de masa negra con tinta de calamar,  mozzarella, calamares salteados, pulpo, caviar y salsa verde cítrica. Un deleite para el paladar.

Las pizzas de Omertá son de elaboración artesanal, preparadas en un horno traído directamente desde Italia, horneadas a 500° y listas en un abrir y cerrar de ojos. Como una verdadera buena pizza. Su local es acogedor, decorado sin dejar detalle al azar y con música que nos transporta directamente al país de la bota. Mondo Cane, una de mis bandas preferidas, no dejó de sonar durante la velada.

¿Seguimos con más pizzas? La Chimi! ($9.900) es una pizza a la argentina con carne asada, extra mozzarella argentina y un monumental chimichurri de elaboración propia. Deliciosa y muy generosa en queso. Bueno, como todas las pizzas de por aquí. Y una bien propia de nuestra tierra, La Araucana ($8.900 / $10.900) con todo ese sabor ancestral que nos entrega el sur de Chile; lleva salsa de tomates, costillar ahumado a la canela de elaboración propia, longaniza artesanal, cebolla asada y merkén. Imagínensela humeante, llena de aromas que reconfortan y un sabor imposible de no adorar.

¿Dónde? Constitución 140, Barrio Bellavista.