NUEVOS ESTABLECIMIENTOS SE TOMARON EL CONCURSO DE LA MEJOR EMPANADA DE SANTIAGO

Como ha sido habitual en vísperas de Fiestas Patrias, el Círculo de Cronistas Gastronómicos de Chile realizó una evaluación de las empanadas chilenas -de pino y horneadas- que se ofrecen en distintos sectores de la capital. La degustación a ciegas, es decir, sin tener a la vista los nombres sus fabricantes o proveedores, se efectuó en Espacio Gastronómico del chef Guillermo Rodríguez, en las mejores condiciones de servicio. Comprendió más de medio centenar de empanadas compradas en locales establecidos, como panaderías, amasanderías y supermercados de comunas de la Región Metropolitana.

“La versión 2019 del concurso Mejor Empanada Chilena marcó una gran diferencia con el ingreso de nuevas marcas repartidas en las diferentes comunas de Santiago entregando un nivel de calidad superior”, señaló Patricio Rojas, presidente de la agrupación.

La comisión de cata de este decimosexto Concurso de Empanada Chilena del Gran Santiago estuvo formada por los cronistas Darío Córdova, Patricio Rojas, Alejandro Mery, Macarena Achurra, Loreto Gatica, Pilar Larraín, Karla Berndt y Pilar Hurtado. Las empanadas fueron calificadas dentro de una escala de 1 a 7, atendiendo a la calidad de los ingredientes –tanto de la masa como del pino− y al aspecto general de cada producto.

Acompañaron en esta oportunidad la degustación Gato Típico Chileno y Pisco Mistral.

Las mejores del 2019

A continuación se detallan las mejores empanadas que recibieron la más alta puntuación:

1.- La Punta, Avda. Manquehue Norte 1.910, Vitacura (Tel.: +562 2 954 0287)

2.- La Flor, Simón Bolívar 3116, Ñuñoa (Tel.: +562  3250 9164)

3.- San Luis, Manuel Montt 2283, Ñuñoa

4.- Prem (ex Bokato), Eliodoro Yáñez 2209, Providencia

  1. La Mendez, Av. Las Condes 9571, Las Condes

6.- Cardamomo, Juan Enrique Concha 435, Ñuñoa

7.- La Tranquera, Av. Italia 1294, Providencia

8.- Da Dino, Av. Apoquindo 4228, Las Condes

9.- Panificadora Tobalaba, Av. Tobalaba 2101, Providencia

10.- El Remanso, Andalién 7330, La Florida

Éstos son los criterios de cata

Masa:

Delgada, suave, consistente, ligeramente quebradiza (pero no seca ni que se desarme a la primera mordida), con suficiente manteca (ojalá animal), pliegues proporcionados (no toscos ni excesivamente gruesos); bien horneada (doradita, no quemada), sin sectores crudos.

Pino:

Guisado jugoso, generoso, equilibrado, hecho con carne de vacuno de buena calidad, de preferencia picada, sin nervios o trozos de grasa (aunque es preferible una buena carne molida, que una carne picada de mala calidad); con cebolla de guarda picada en cubos (no fresca ni de verdeo); aliñado con comino, pimienta y ají de color (puede llevar también un poco ají, o incluso merquén, pero lo justo y necesario para que el guisado no se convierta en algo picante); con una aceituna negra entera por empanada (puede ser sin cuesco, pero ojalá no laminada), un trozo de huevo duro y, opcionalmente, pasas de uva; sin aglutinantes, como la maicena, ni agregados de perejil, apio, orégano y otros vegetales o hierbas.

La empanada como conjunto:

Debe tener un aroma deleitoso e invasor donde confluyan, en forma equilibrada, los olores de carne, cebolla, ají, comino y masa horneada. Y un sabor irresistible, gracias a la calidad, armonía y perfecta cocción de sus ingredientes.

 

CAFÉ DE ANTAÑO: RECUERDOS, AROMAS Y SABORES EN PUNTA ARENAS

¿Puede haber algo más rico que mirar la lluvia por la ventana junto a un espumoso café y un crujiente dulce croata? Creo que no, y para mí, es panorama soñado. Y por fin dejé de soñarlo, ya que pude hacerlo realidad y nada menos que en el último rincón del mundo, en la hermosa y fría ciudad de Punta Arenas.

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Los salones de té están bastante de moda, y no sólo en Santiago, gracias a Dios, sino que en cada ciudad de nuestro país. Es así como llegué al Café de Antaño, un lugar donde la experiencia que vives va más allá de probar cosas delicosas; sientes aromas, vives recuerdos, te enamoras de su decoración. Debe ser una parada obligada desde hoy si piensas viajar a la ciudad o si eres de allá.

Una enorme casona cobija este lugar, llena de las más increíbles y añorables antiguedades que le dan el toque perfecto para trasladarse en el tiempo. Un predominante papel tapiz inglés cubre los muros de este palacio que pertencece a Marisol Inostroza, quien junto a su esposo Gerardo y su familia, optó por abrir el café en el primer piso de su propia casa. Sí, yo también pensé que estas casas sólo se veían en las películas, pero existen.

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Dentro de la carta, se ofrecen diferentes variedades de té valdivianos, personales y para compartir, en mononas teteras. También hay tortas, galletas, pastelitos, sándwiches y «hrustulas», unas masitas croatas muy sabrosas rociadas de azúcar flor que tuve la fortuna de probar. Son muy populares en la zona. Además, hay diferentes preparaciones de cafés, chocolate caliente y jugos naturales. Las chicas que atienden son casi tan dulces como las preparaciones. Te hacen sentir en casa.

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El Café de Antaño es uno de esos lugares donde puedes pasarte horas con una taza de té en la mano sólo escuchando el sonido del viento. A veces una grata conversación también lo tranforma en un panorama ideal. ¡Imperdible!

¿Dónde? : Hernando de Magallanes 324, Punta Arenas

EL FOGÓN DE LALO: COMER RICO EN EL FIN DEL MUNDO

La hermosa, fría y lejana región de Magallanes, no se caracteriza sólo por su clima y belleza natural. La gastronomía ha llegado a ser parte importante de los atractivos de la ciudad de Punta Arenas, que deleita a sus habitantes y visitantes, como yo, con una variedad de sabores y restaurantes para conocer que uno quisiera quedarse por más del tiempo del previsto. Y si resulta lo de besar el pie del indio patagón, yo debería volver pronto por esas tierras. mo

Y patiperreando por allá, tuve la oportunidad de conocer a los amigos de «El Fogón de Lalo», un restaurante relativamente nuevo en la zona especializado en carnes. ¿Cómo no querer conocerlo?

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El día estaba ventoso, gris y muy lluvioso, algo común.. Al llegar, me recibió su administrador Jorge Lamig, que me hizo sentir inmediatamente como en casa, y la calefacción perfecta del lugar era justamente lo que estaba necesitando. Me mostró el restaurante que está decorado con mucha dedicación como una verdadera estancia magallánica, luciendo en sus paredes y muebles herramientas para la esquila de ovejas, una actividad frecuente en la patagonia.

Lindo, lindo, lindo. Dos ventanales permiten mirar el mar, oscuro y con mucho movimiento, mientras te dispones a disfrutar de las delicias que ofrece la carta. Tienen su parrilla interior propia  y los cortes de carne se preparan frente a tus ojos, con el punto deseado, aunque ellos no dudan en recomendarte cuál es el mejor.

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Me senté sobándome las manos para comenzar a comer y algo llamó inmediatamente mi atención. Te ponen un pancito amasado en un saco, que hace que se conserve el calor y el aroma hasta que te los terminas todos. Junto a los pancitos va pebre, mayo morrón y mantequilla. Soñado. No podía estar más rico.

Como es costumbre pedí una sugenrecia para comezar, y Jorge no dudó en decirme que las «Mollejas de Cordero» eran espectaculares. ¡Vamos entonces con eso! Le dije. Aliñadas solamente con ajo y orégano se posan coquetas en una paila de fierro forjado listas para ser devoradas. Es que no hay otra forma de comerlas. Tienen una textura suave y un sabor que no es tan fuerte como el del cordero, pero que se hace sentir. Creo que ha sido una de las cosas más ricas que he probado.

Los chicos que atienden, siempre amables y preocupados de que estuviera cómoda y disfrutando de mi comida, me preguntaron si estaba preparada para el próximo plato. ¡Siempre lista! y eso que jamás fuí scout, jeje. El corte que probé se llama «T-bone» (lomo liso con filete) uno de los más populares de la carta y lo acompañé con un puré rústico cremoso y sabroso, pero que no llegó a opacar el sabor de la carne. Para beber ellos hacen sus propios jugos naturales. Yo recomiendo el de berries-albahaca que combina maravillosamente lo dulce y lo ácido. Es muy refrescante. También probé el pisco sour de la casa con limón de pica ¡Salud!

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El sello final lo puso un exquisito «Cheesecake» al cuál era imposible negarse. En «El Fogón de Lalo» tienen su clientela fiel. Tanto así que muchos llaman para que les comiencen a preparar sus cortes de carne antes de que ellos lleguen, para que al momento de los quiubos esté todo listo. Funcionan con reserva. Se respira y se ve un ambiente muy familar: padres con sus hijos ya grandes, también pequeños, parejas, todos disfrutando contentos y muy conformes con sus platos. Se nota que todo lo que hacen allí, desde la decoración a los platos que llegan a la mesa, está hecho con mucho amor. Humildemente esta santiaguina sibarita felicita a su dueño, Don Lalo, a su hijo, a su administrador, al chef y a los garzones por crear un lugar realmente encantador. Fue un gusto haberme podido sentar en una de sus mesas a notar que el éxito que tienen es completamente merecido. «El Fogón de Lalo» se va sin duda a mi lista de favoritos. ¡Volveré!

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¿Dónde? 21 de mayo 1650, Punta Arenas