CASA COMBI; ESE SABOR DE BARRIO QUE TANTO AMAMOS

Cuando se lleva algún tiempo dentro del mundo de la gastronomía, el paladar se va poniendo exigente y cuesta cada vez más encontrar apuestas gastronómicas que te sorprendan. Ya no se buscan solo sabores, sino algo más, algo extra, un valor agregado. Afortunadamente mi última experiencia me hizo aún tener fe en la humanidad (y en la comida).

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Eso me sucedió con la Sanguchería Casa Combi, ubicada en la tranquila comuna de Quinta Normal, en el sector de Lo Franco. Una comuna que aún guarda una envidiable vida de barrio. Y es justamente esto lo que los chicos de Casa Combi quieren lograr preservar a través de su gastronomía y otras acciones.

No es fácil llegar a Casa Combi, porque esta medio escondida en una calle totalmente residencial, llena de casas con diferentes fachadas escapando totalmente de la idea de una puerta típica de restaurante. Ese misticismo se agradece y te hace querer descubrirlos. Tiré de un cordel que hizo sonar una campanita y apareció en la puerta Álvaro Ortiz, uno de los socios y dueños de Casa Combi, quien me invitó a mí y a mi comensal a pasar al patio de su casa. Sí, al patio de su casa. Una casona del año 1938.

Dentro de ella todo es reciclaje. Pisos de palet, muebles rescatados de almacenes antiguos del mismo barrio. Se respira lo vintage.

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La carta de Casa Combi te tienta de principio a fin. Llena de Fricandelas Caseras, Churrascos, Mechadas y cosas dulces. Pregúntenle a Álvaro o a Cristián Vargas, su cocinero, por la anécdota que da nombre a su sánguche de lengua “La Copuchenta”. Además le lleva paltita, salsa verde y mayo casera.

Para conocer las delicias de Casa Combi, nos fuimos directamente por las sugerencias de Álvaro. Probamos “La Pituca”, una hamburguesa sobre un colchón de espinacas, bañada en salsa de queso azul, cubierta de cebolla caramelizada y chips de tocino. ¿La están imaginando? ¡Es una delicia! Es suave al paladar pero recibe un golpe de energía con el sabor del queso azul. Tienen que probarla. Fue mi preferida (de ese día).

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Por otro lado, era justo y necesario probar “El de Cazuela”. Un osobuco sobre porotos verdes, acompañado de choclo, pimientos asados y novedosos chips de zanahoria y zapallo camote. Además, viene con una taza en donde está su caldito, para poder untar un trozo del sánguche o rociarlo encima del mismo o bien tomártelo, tú decides.  Este sanguchito que se presenta tan bonito y colorido frente a nosotros es realmente como meterse una cucharada de cazuela a la boca. Cierra los ojos y haz la prueba. Casi no te das cuenta que es un sánguche.

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El pan que usan en Casa Combi, es un pan amasado, muy suave, de poca manteca, que le da identidad a las preparaciones pero no es pesado ni invasivo, no se roba el protagonismo. Llegaron a una fórmula casi perfecta de la mano de una vecina del sector, por supuesto. Para cerrar, obvio que tenía que ser de manera dulce. Churros con salsa de manjar fue la elección y los compartimos con Álvaro y Cristián para seguir conversando de las ideas de Casa Combi.

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Todos sus insumos los compran en Quinta Normal, a sus vecinos, a su gente, ya que ellos son nacidos y criados en esta comuna y quieren revivirla, hacer un rescate cultural y gastronómico con identidad de barrio. Y lo están logrando a pasos  agigantados.

Este próximo 13 de noviembre cumplen un año de vida y estarán presentes en la Feria Del Sándwich el próximo 24 de noviembre en el Parque Araucano. Espero que lleven a «La Cerda» ese día, porque me quedé con todas las ganas de probarla. Es una hamburguesa rellena con queso cheddar, bañada con salsa bbq, acompañada con tocino, pepinillo casero, huevo frito y cebolla caramelizada. ¡Es un pecado! Pero si puedo probarla, no me preocupa irme directamente al infierno. 

Cierro este texto tal cual lo comencé. Yo me enamoré de Casa Combi porque me sorprendió y si estás buscando enamorarte y además comer maravillosamente, tienes que ir a verlos.

¿Dónde?: Doctor Raúl Denis #2677, Quinta Normal

PROBANDO CHILE DE NORTE A SUR A TRAVÉS DEL SABOR DE CAPICÚA

Es innegable el boom de sandwicherías que hay en nuestro país. En Santiago, todos los polos gastronómicos se han sumado a la tendencia. Y Manuel Montt no es la excepción. Es aquí en donde hace poco más de dos meses abrió la sandwichería Capicúa.

¿Qué la diferencia de las otras sandwicherías? En Capicúa podemos conocer a todo nuestro Chilito a través del sabor. Así es, porque su carta presenta 17 sanguchitos que incluyen diferentes manjares representativos de cada región del país en diferentes tipos de pan. Carnes, pescados y verduras deleitan el paladar de los comensales.

El lugar es pequeño y muy acogedor. Y no necesita más, ya que todo su potencial está en sus ricas preparaciones. ¿Están ansiosos por saber lo que ofrecen? Pues, aquí vamos.

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Junto a mi comensal nos dimos un festín. Hay que llevar la guatita vacía para disfrutar como corresponde, porque los sándwiches son bien grandes. Pablo Contreras, uno de los socios fundadores de Capicúa, nos recibió muy amablemente y nos sugirió tres placeres de la carta.

Llegaron todos al mismo tiempo y nuestros ojos casi salieron de sus órbitas. Los sándwiches van acompañados de ricas papitas y coloridas mayonesas y salsas como la mayo de betarraga, la mayo de ajo negro, la mayo de la casa y el pebre de cochayuyo.

Para comenzar probamos la Vidriola en pan amasado. Este pescado, preparado en escabeche, viene de la isla de Juan Fernández y se complementa con aros de cebolla, zanahorias y rábano crocante, además de lechuga costina y mayonesa cítrica. Un sándwich fresco, de largo paladar y de sabor suave pero prolongado. ¡Una delicia!

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Para beber, tomamos un agua de la mítica Rica Rica. Aromática y muy dulce. También probamos agua de Harina de Algarrobo, ideal para ingredientes más pesados como el cordero.

Continuamos con la zona norte del país. Tuvimos el placer de comer una Mechada de Cabrito directamente desde Ovalle, en pan de churrascas, es cocinado al vino tinto con cebolla y zanahorias sazonadas en comino, queso de cabra grillado, mermelada de ajíes verdes, y berros frescos. Según Pablo, es el más exitoso hasta el momento y pudimos comprobar el por qué. Rico como el solo y el pan de churrascas, fabricado en casa, le da cuerpo y consistencia.

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Para finalizar y cuando nuestra conciencia decía «basta» y nuestra sed de hambre decía «dale no más», probamos el Cordero Asado en pan amasado. Y bueno, el cordero es infalible ¿no? Desde la región de Magallanes a Santiago con amor. Y no solo amor, sino que también con hierbas aromáticas, queso mantecoso fundido (ahí yo caí rendida), láminas de tomate de huerta, cebolla asada, perejil fresco y ensaladilla de hojas de vegetales.

«Quedé conforme con el resultado de la carta», nos asegura el chef a cargo de este buque, Luis Garay, quien anteriormente trabajó para nada menos que Boragó y Cascarrabia. Y como se nota su pasión y profesionalismo en la apuesta gastronómica que hace en Capicúa. ¡Felicidades chef!

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Los chicos están prontos a hacer algunos cambios en la carta y nos traerán sorpresas para septiembre. Atentos a un nuevo sanguchito de Costillar de Cerdo y otro con los ingredientes de una empanada. ¡Que rico! También nos contó el chef que pronto se viene…¡la marraqueta! Amor eterno a ella. Y sí, amor eterno a Capicúa también. ¡No dejen de ir!

¿Dónde?: Av. Manuel Montt #748, Providencia.

 

SABOR Y TRADICIÓN ALEMANA EN BRÜDER

De la mano del chef Pablo Rojas, Brüder sí que sabe de comida alemana. Tablas, sándwiches y cocina tradicional de ese lado del mundo logran que los comensales se vayan con la guatita llena, muy llena, y el corazón contento, bien contento. Y como dentro de la gastronomía alemana es inevitable no pensar en embutidos, nos fuimos directo a probar la tabla Brüder que demuestra claramente por qué los germanos son tan famosos por ellos. Weissburst y Gorda Alemana se acompañan de repollo morado, puré de manzana y chucrut casero y cebolla caramelizada para lograr juntos un juego de sabores que hacen de esta tabla un tentempié ideal para comenzar, idealmente acompañado. 

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También a modo de «entrada», aunque su tamaño equivale fácilmente a un plato «de fondo», aparece el Tártaro. 250 gramos de puro sabor y placer que, como es tradición, se come con pequeñas tostaditas y se complementa con pepinillos y cebolla entre otros. Un clásico que siempre es bienvenido. Tanto para el Tártaro como para la tabla Brüder pidan mostaza de grano, porque hará que toda esta experiencia culinaria los deje hablando en alemán…¡literal! 

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Y pasando a los sándwiches, tuvimos la posibilidad de probar dos de ellos. La Mechada Essen con aros de cebolla, mayo, tomate, tocino y pepinillos que llega a ser casi tan alta como tu moral. Rica, bien rica. No por nada la mechada es una de las estrellas de Brüder. Y si te vas a comer una mechada, ya sea tradicional o especial, te sugerimos o más bien te exigimos que sea en marraqueta, si no, no vale. También tuvimos la dicha de probar un clásico; una hamburguesa Chemilico con huevito frito y cebolla caramelizada. Bastante más bajita que la Mechada Essen pero de potente sabor.

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Todos los sándwiches, hamburguesas, mechadas, churrascos, lomos, aves y gordas vienen acompañados de papitas chips muy bien logradas. Además puedes pedirlos en pan marraqueta, frica o molde y darles aún más sabor con una mayo casera, de pepino o de ajo.

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Y como también es tradición dentro de la colonia alemana, en Brüder tienen gran variedad de cervezas artesanales e importadas para que marides como corresponde tu comida en la que también destacan ricos platos de cocina tradicional alemana, ensaladas y postres. Y para que tu experiencia sea familiar, hay menú para niños. 

Así que ya saben, si quieren comer rico, abundante y en un ambiente muy acogedor, tienen que ir a Brüder y deleitarse con las maravillas que la gastronomía alemana trae a este último rincón del mundo. 
 

¿Dónde?: Avenida Tabancura 1258, Vitacura.